Sigo rescatando posts que no escribí en su tiempo. Hoy toca el recuerdo de la visita a Cádiz. Como muchos de los que vivimos en el levante, Cádiz es prácticamente el fin del mundo (está a casi 800 km), así que no sabía demasiado de ella. Y me quedé sorprendidísimo de ver que es una isla… Hay dos puentes para salir de allí y ya está. No puede crecer más, sencillamente, porque no hay sitio.

Por lo demás, una ciudad coqueta, orientada al mar, como no podía ser de otra manera, y donde, parece ser, se vive muy bien, se come mejor, y con muy buena gente por todos lados.

Un par de imágenes nocturnas de los puentes de la Barqueta y del Alamillo, que conectan la Isla de la Cartuja (sede de la Expo’92) con la Sevilla continental. Por cierto, que lo que cruzan estos puentes no es el río Guadalquivir en sí mismo.


El río Guadalquivir fue desviado para que no pasara por el centro de Sevilla para evitar inundaciones y, precisamente para la Expo se decidió que podía ser una buena idea volver a llenar de agua el antiguo cauce, convirtíendolo en un canal, donde se pueden dar paseos en barco o practicar deportes acuáticos como remo. Hay, incluso, un Centro de Alto Rendimiento para deportistas de élite de esta especialidad.
