Sin darme apenas cuenta ha llegado el mes de abril y tengo a mis amigos lectores abandonados. Lo siento, pero han sido dos meses muy intensos. Entre las prácticas y el máster, queda muy poco tiempo libre, y teniendo en cuenta que estoy todo el día delante del ordenador, ponerme a escribir no es lo que más me apetece, aunque me vendría bien, como válvula de escape. A ver si puedo escribir más a menudo a partir de ahora.
Bueno, a ver, por dónde empezar. Las prácticas muy bien. Finalmente me han puesto en un sitio en el que se gestionan determinados programas, con lo cual no es un trabajo muy técnico sino más tirando a generalista; que es lo que yo quería. Además, tengo un jefe que me da trabajo (no me aburro en absoluto) y alguna que otra responsabilidad, lo cual siempre en este caso es de agradecer. Eso, unido al hecho de tener contacto con prácticamente todos los departamentos, y con tanto clientes como subcontratistas, creo que me va a hacer aprender mucho, que al fin y al cabo es el objetivo de estas prácticas.
El otro asuntillo que he venido a hacer por aquí es el máster. Es un part-time (a tiempo parcial) que se supone que sólo tenemos 12 horas a la semana, pero en la práctica, con los trabajos que hay que hacer hay semanas que doblamos esas horas de dedicación de largo. De momento estamos en la parte generalista (ya llegarán la especialidad en el sector Aeroespacial) y hay un poquito de todos: derecho, economía, finanzas, estrategia, comunicación, marketing, … Lástima que no haya más tiempo para profundizar un poquito más.
Pero, afortunadamente, aunque sea poco, queda algo de tiempo para el esparcimiento personal, conocer Sevilla, los alrededores, … Para quien no conozca Sevilla, decirle que es una ciudad muy bonita, con un tamaño mediano muy adecuado para vivir cómodamente, y con gente que le gusta mucho estar en la calle. En la calle de paseo, de bares de tapas, de cervecitas, de cofrade o en la Feria.
Precisamente una de las cosas que más me llaman la atención es lo de Semana Santa. Aquí hay auténticos fans de esta fiesta. En la empresa, el primer día, recuerdo haber visto un salvapantallas que decía: “Quedan XX días para el Domingo de Ramos“, junto con imágenes de pasos de Cristos y Vírgenes. Quien más, quien menos tiene alguna relación con alguna hermandad (o más de una). Pero lo que se sale totalmente de lo normal es lo del incienso: la gente tiene por costumbre tener inciensarios en casa o en su lugar de trabajo para ir ambientando. Así, puedes ir a comprar a una ferretería y salir con un olor que cualquiera diría que vienes de la catedral… o puedes pasar por una nave de montaje en la que los operarios tengan un inciensario, y unas marchas cofrades para trabajar más alegremente.
Ayer empezaron las primeras procesiones, pero me quedé en casa descansando. Estos 5 días que me quedan aquí, veré qué es eso que hace que la Semana Santa de Sevilla sea tan especial. Este año, eso sí, no me pienso quedar los días grandes.
A ver si un día de éstos cuelgo por aquí alguna foto de la ciudad y, si se da el caso, de alguna procesión.
No sé si os acordáis que hace un mesecito os hablé de la gracia andaluza que desprendía Sevilla por todos los rincones. Pues, además de turismo (que hice bastante), el motivo de aquel viaje era hacer unas pruebas para una beca de un MBA en EOI Sevilla y unas prácticas en EADS-CASA, que otorga la Fundación SEPI. Pues, bueno, me la han concedido. 🙂
Así, que esta mañana he cogido el coche, me he atravesado media España (600 km) y ya estoy en Sevilla, usando una de las múltiples redes inalámbricas que pillo desde mi habitación, pero no se lo digáis a nadie. Mañana será la presentación del curso y el lunes comenzarán las prácticas. En algún momento próximo, vendrá la búsqueda de piso (esto de vivir en un hostal está bien para un tiempo corto, pero ya está) y la adaptación a esta hermosa ciudad. No sé, presiento que va a ser un gran año. Estudiando cosas interesantes, trabajando, y en una gran ciudad. Veremos qué tal se da, pero promete.
Esta semana he estado un par de días en Sevilla, ciudad que no visitaba desde la Expo y de la que no me acordaba de nada más que de la bola de los puentes sobre el Guadalquivir, y la enorme bola del mundo que soltaba agua. En esta visita me di un buen paseo por el centro de Sevilla, donde me encontré con la Giralda, que me ha dejado impresionado.

Además del arte y de la arquitectura que desprende por todos lados, Sevilla es particularmente interesante en el trato humano. Esa gracia propia de ahí, acompañada por un acento que en ocasiones hace que no los entiendas… Es única. Siguen un par de ejemplos que ejemplifican esto bastante bien.
El primero pasó nada más llegar. Cogí el autobús que va al centro, y le pregunté al amable conductor que como se llegaba adonde estaba mi hostal. Me dijo, que me bajase en la última parada que tenía el autobús (en lugar de en la estación de tren, que es lo que hubiese hecho de no preguntar) y así lo hice. Cuando llego a la Puerta de Jerez, le pregunto a otro amable conductor de autobús, que cuál tenía que coger para ir a la Alameda. Respuesta: Desde aquí: ninguno. Pero, ¿en serio? Sí. Pues empezamos bien. Opción B: ir andando porque ya había hambre y estaba bastante cargado, así que a andar: media hora cargado por el centro de Sevilla. Muy agradable, sí señor. Luego descubrí que había un autobús que paraba a dos minutos de la Alameda y en la puerta de la estación de tren.
Pero lo más grande y por lo que lamenté no llevar una cámara encima fue a un hombre que estaba en pleno centro de Sevilla pidiendo dinero a través de unos carteles hechos con cartón y con su correspondiente bandeja para las monedas. Este buen hombre había separado las donaciones en 4 categorías:
-Para más cerveza
-Para vino
-Para güiski
-Para la resaca
Olé la gracia. Y para rematar y, por si no había quedado claro, otro cartel en el centro (sin repisa para dinero) que lo aclaraba todo:
Al menos, sinceridad.
Sencillamente, genial.
Photo by daquellamanera