Hoy ha sido día dominguero total. Levantarse tarde, desayunar relajadamente, y salir a la calle a pasear porque ¡¡hacía sol!! y una temperatura en la que podías ir sin guantes… 🙂 Y estaba toooodo Estocolmo al sol, como los cuernos del caracol.



Ése es el tiempo que llevo en Estocolmo y sin actualizar el blog… Y no por falta de ganas, es que no paro. Entre el curro (hacer por primera vez algo que nunca se ha hecho no permite mucho relax), la mudanza, los eventos sociales varios (con los del trabajo, con los españoles, un cumpleaños, …), el viajecito a esquiar a Vemdalen (6 horas de autobús, pero merecieron la pena) y quehaceres varios, no he parado ni un momento… Y me encanta. 🙂
Sobre el viaje a la nieve, unos cuantos comentarios:
* Como se intuye, en Suecia montan una estación de esquí en cualquier montañita.
* Lo que no le dicen a los españolitos es que la montañita más cercana está a 6 horas en bus de la capital.
* Nieve polvo, recién caída y en gran cantidad.


Seguiremos informando.
El Sr.Dans no suele tirarse a estos temas… Pero para una vez que lo hace estoy de acuerdo con algunas de las preguntas retóricas que hace en el siguiente párrafo de este post… Además, de varias de estas cuestiones he hablado en los últimas semanas con varios amigos y compañeros de trabajo de esto. Curioso.
La long tail es una explicación perfecta para el éxito de muchas empresas que la saben explotar (…) Sin embargo, hay un ámbito en el que no se refleja: la vida política. ¿Por qué, en un entorno en el que cada vez el best-seller tiene cada vez menos valor, seguimos organizados en torno a muy pocas opciones políticas? (…) ¿Qué ocurriría en un hipotético Parlamento compuesto por cincuenta partidos diferentes con pocos representantes cada uno, representando lo que muchos grupos de ciudadanos consideran prioritario? ¿Ingobernabilidad absoluta o entorno plural y enriquecedor, con un debate genuino en el que unos podrían cuando menos aspirar a convencer a otros?
En la situación actual, en plena campaña electoral, muchas cosas empiezan a parecer absurdas: ¿para qué hacer sondeos, si los votantes se declaran “de uno o de otro” con tantas posibilidades de cambiar de partido como de cambiar de raza? ¿Para qué preguntar quién ganó un debate televisivo, si los que son de un lado van a afirmar que ganó su candidato aunque éste hubiese caído fulminado a los diez segundos de iniciarse el programa? ¿De qué vale tener ciento cuarenta y cuatro diputados a los que pagamos un sueldo si su única función es presionar un botón al unísono? ¿Cómo es posible que el entorno se empobrezca tanto como para que acabemos teniendo candidatos que no durarían diez minutos en la empresa privada, que no hablan siquiera inglés, y que carecen de criterio propio sobre la mayor parte de los temas que legislan?
Por cierto, ya estoy en Estocolmo. Hace frío, pero no nieva. Mañana arrancamos de nuevo. Seguiremos informando.