Mucho se ha escrito sobre las Cabalgatas de Reyes Magos, y más en concreto sobre la de Alcoy. Aparte de ser la cabalgata más antigua de España es probablemente una de las más mágicas de cuantas hay.
Después de ver en la tele y en directo alguna otra, y comentarlo, parece que el hecho de que no haya nada de publicidad en la misma ya la hace bastante “especial”, pero eso no es lo mejor.
Lo mejor es que la noche anterior, los niños han visto como sus Majestades acampan en las montañas de alrededor de la ciudad, mientras leen las cartas que llenos de ilusión han echado en los buzones reales el día de antes.
Lo mejor es que a lo largo del recorrido de la cabalgata, los niños se acercan a estos magos que vienen de Oriente (ahora parece que de camino de vuelta a su Andalucía natal) para besarles.
Lo mejor es que los pajes reales, els “negres” hacen entrega de los regalos durante la Cabalgata misma a los niños.
Lo mejor es que esos pajes, si pueden (si no está muy alto, que son pajes, no pájaros), entran por el balcón con los regalos de los niños.
Lo mejor es que esto pasa sin apenas variaciones (si funciona, para qué tocarlo) desde antes de que yo naciera, y aún así encandila a niños y mayores.
En mi casa tenemos un poco de enchufe desde que mis hermanos mayores son pequeños, y los Reyes Magos traen los regalos el día 24 por la noche. Sé lo que estáis pensando, y no: Papá Noel no viene a mi casa. Entre otras cosas, porque no tiene nada que ver con España. Esto de adelantar la venida de los Reyes en mi casa es una clara situación win-win de las que enseñan en cualquier curso de negociación: ellos adelantan trabajo del día 5, que están un poco saturados, y nosotros podemos disfrutar de los regalos todas las vacaciones de Navidad. Sobre todo, los niños pueden jugar con sus juguetes todas las vacaciones. 🙂
Este año, la comida multitudinaria en mi casa ha sido el día de Navidad, y los regalos por tanto, se abrieron ese día por la mañana. En los juguetes que se han pedido los pequeños de la casa hay de todo: muñecas varias, clics de Playmobil, libros, pinturas, algún juego de mesa, algún videojuego… y un camión de Lego. Como el sobrino en cuestión estaba en el límite inferior de la adecuación del juguete, nos pusimos un par de tíos y el padre a montárselo. Y allí nos tiramos una hora, 3 adultos, para montar el camioncito… Y cómo nos lo pasamos, buscando piececitas encima de la alfombra y descifrando las instrucciones. 🙂 Mi sobrino sé que disfrutará de lo lindo con su camión con moto y helicóptero, pero nosotros también tuvimos una tarde muy entretenida.
Al final, no sé para quién traen los juguetes… 😉