Sigo rescatando posts que no escribí en su tiempo. Hoy toca el recuerdo de la visita a Cádiz. Como muchos de los que vivimos en el levante, Cádiz es prácticamente el fin del mundo (está a casi 800 km), así que no sabía demasiado de ella. Y me quedé sorprendidísimo de ver que es una isla… Hay dos puentes para salir de allí y ya está. No puede crecer más, sencillamente, porque no hay sitio.

Por lo demás, una ciudad coqueta, orientada al mar, como no podía ser de otra manera, y donde, parece ser, se vive muy bien, se come mejor, y con muy buena gente por todos lados.

Más de tres meses sin escribir por aquí es mucho tiempo, demasiado; pero bueno, visto que la gente todavía me lee (esto les honra) a pesar del silencio, voy a retomar la escritura de posts, al menos durante estas vacaciones porque, sí, estoy de vacaciones. No me imaginaba yo que mi primer año de vida laboral tuviese todo el mes de agosto libre, pero así ha sido y no me voy a quejar.
Desde la última vez que escribí, lo de siempre, mucho curro en EADS y en el MBA, y algún viajecillo. El primero fue a Toulouse, con todos los compañeros de beca. Allí fuimos a hacer un módulo del máster en la ESC, y aprovechamos para hacer un poco de turismo industrial con la visita a la fábrica de Airbus, turismo por la ciudad de Toulouse (que me gustó mucho por cierto) y excursión a Carcassonne, un pueblo medieval muy bien conservado que quedaba cerca de Toulouse. Aquí podéis ver unas cuantas fotos de los dos sitios.




Por cierto, una curiosidad sobre Toulouse. Si veis un mapa de Francia veréis que hay una línea azul (de río, canal, etc) que pasa por allí y que une el Mediterráneo y el Atlántico. Es el Canal du Midi, y lo que une realmente es el río Garona, que pasa por Toulouse, Burdeos y desemboca en el Atlántico con el Mediterráneo. Tiene 240 km y, atención, fue hecho en el siglo XVII.

Seguiremos informando, ahora me voy a la piscina… ¡Qué malo es esto de estar de vacaciones!
Me ha costado, pero vuelvo a escribir algo por estas lares. En primer lugar, a todos los que leéis esto: Feliz Año Nuevo, que como quien no quiere la cosa, ya nos hemos plantado en el 2006.
Después de Navidad he estado ausente, principalmente porque me fui a esquiar una semanita a Pas de la Casa, en Andorra. Como siempre, esquiar es un placer. Esta vez, hizo mucho frío, estando las temperaturas un par de días entre -15 y -20 grados, y el último día (1 de enero), nevando y decidimos no esquiar. Esa semanita en Andorra, me ha dado un par de cosas que comentar por aquí:

Esta semana he estado un par de días en Sevilla, ciudad que no visitaba desde la Expo y de la que no me acordaba de nada más que de la bola de los puentes sobre el Guadalquivir, y la enorme bola del mundo que soltaba agua. En esta visita me di un buen paseo por el centro de Sevilla, donde me encontré con la Giralda, que me ha dejado impresionado.

Además del arte y de la arquitectura que desprende por todos lados, Sevilla es particularmente interesante en el trato humano. Esa gracia propia de ahí, acompañada por un acento que en ocasiones hace que no los entiendas… Es única. Siguen un par de ejemplos que ejemplifican esto bastante bien.
El primero pasó nada más llegar. Cogí el autobús que va al centro, y le pregunté al amable conductor que como se llegaba adonde estaba mi hostal. Me dijo, que me bajase en la última parada que tenía el autobús (en lugar de en la estación de tren, que es lo que hubiese hecho de no preguntar) y así lo hice. Cuando llego a la Puerta de Jerez, le pregunto a otro amable conductor de autobús, que cuál tenía que coger para ir a la Alameda. Respuesta: Desde aquí: ninguno. Pero, ¿en serio? Sí. Pues empezamos bien. Opción B: ir andando porque ya había hambre y estaba bastante cargado, así que a andar: media hora cargado por el centro de Sevilla. Muy agradable, sí señor. Luego descubrí que había un autobús que paraba a dos minutos de la Alameda y en la puerta de la estación de tren.
Pero lo más grande y por lo que lamenté no llevar una cámara encima fue a un hombre que estaba en pleno centro de Sevilla pidiendo dinero a través de unos carteles hechos con cartón y con su correspondiente bandeja para las monedas. Este buen hombre había separado las donaciones en 4 categorías:
-Para más cerveza
-Para vino
-Para güiski
-Para la resaca
Olé la gracia. Y para rematar y, por si no había quedado claro, otro cartel en el centro (sin repisa para dinero) que lo aclaraba todo:
Al menos, sinceridad.
Sencillamente, genial.
Photo by daquellamanera