Salir a navegar por la Costa Blanca tiene sus ventajas. La mayor de ellas: el tiempo, generalmente (toco madera), es bueno en casi cualquier época del año, y la fecha elegida para la primera salida de la temporada, el segundo fin de semana de abril, no decepcionó. El mar como un plato, sol, buena temperatura, y hasta un poco de viento para poder disfrutar de la navegación a vela.

La tripulación en esta ocasión estaba formada por unos cuantos compañeros de trabajo y el gran Jaime que vino desde Sevilla para la ocasión. Como viene siendo habitual, salimos del puerto de Alicante, y el viernes por la noche nos adentramos en las deliciosas tapas de la gastronomía alicantina.
El sábado por la mañana, tras un desayuno bajo las faldas del monte Benacantil, zarpamos en dirección a Tabarca. Sin prácticamente viento, llegamos al fondeadero Sur de Tabarca, enfrente de la playa, que se encontraba más vacío de lo que yo esperaba teniendo en cuenta el tiempo que hacía, y que era el sábado anterior a Semana Santa… Allí fondeamos sin problemas, y algún valiente pudo darse un baño, antes de que nos recogieran para llevarnos a tierra a comer un arroz “del senyoret” y explorar un poco la isla, llegando a la zona de la antigua cárcel.
Por la tarde, emprendimos el camino de La Vila, que era el puerto donde pretendíamos pasar la noche. Aunque hacía viento, no daba suficientes garantías de que nos permitiera llegar con luz a puerto, y optamos por la combinación de velas desplegadas y motor. En esta travesía, que fue aprovechada por buena parte de la tripulación para descansar de la dura semana, lo único destacable fue encontrarnos de frente con una patrullera de Aduanas que no debió ver nada sospechoso a bordo.
El domingo zarpamos del puerto de La Vila nuevamente con el mar como un plato, y poco viento y decidimos rodear la isla de Benidorm antes de volver tranquilamente costeando hacia el puerto de Alicante. Tanto el viento como el mar nos entraba por la la aleta de babor, por lo que la navegación fue placentera y a buen ritmo, dejando de utilizar el motor totalmente a media mañana. Comimos en travesía, saludamos a la familia en la distancia a la altura de Campello, y una vez librado el Cabo Huertas, como todavía teníamos tiempo, nos dedicamos a hacer unos cuantos virajes para desentumecer los músculos y que la tripulación no experimentada tomara conciencia de lo divertido que puede ser la navegación a vela. Tras esto, llegada a puerto, repostaje y atraque (en segundo intento).
En resumen, la primera salida náutica de la temporada fue un éxito, y ahora toca preparar las siguientes, que tienen un poco más de enjundia.

No hay mejor manera de despedir el verano que a bordo de un velero. Esta vez el afortunado de tenernos a bordo fue el Malta Blue, un Dufour 40, con base en Alicante, con el que recorrimos media provincia durante 4 días bajo unas condiciones idóneas para la práctica de la vela… sobre todo si vas en un barco tan “regatero” como éste. Debido a lo movido de la previsión, decidimos dormir todas las noches en puerto, sin destacar ningún percance en ninguno de los atraques y desatraques.
Salimos del puerto de Alicante (1) directos al pequeño paraíso que es la Isla de Tabarca (2) donde fondeamos y nos tomamos un arroz de manual. La digestión la hicimos en dirección al puerto de El Campello (3), donde llegamos poco antes que anocheciera.

El segundo día, con 20-25 nudos de viento real del NE según el anemómetro del barco, nos dirigimos al Islote de Benidorm (4) donde esperábamos poder encontrar un poco de refugio en las boyas, pero las únicas que había estaban bastante expuestas. Aún así, conseguimos amarrarnos a una de ellas y disfrutar de una movida comida, para partir hacia el Puerto de Altea(5) en lo que sería el tramo más animado del viaje: el viento ya estaba formando olas de cierto tamaño que nos entraban de través en el barco.
Al día siguiente, fondeamos en el Mascarat (6), cerca de Calpe, para emprender el camino hacia el Sur de vuelta por la tarde. Este tramos hasta el Puerto de Villajoyosa (7) fue el más rápido de los 4 días gracias a que tanto el viento como las olas venían de popa y la velocidad media según GPS fue de más de 7 nudos. Llegamos tan pronto que hicimos unos cuantos virajes delante de Villajoyosa para no llegar demasiado pronto al puerto.
El último día, domingo, fue el más calmado, fondeo en la Playa de San Juan (8) para comer, bañarnos, y saludar a la familia desde la distancia, y tranquila vuelta al Puerto de Alicante por la tarde con tiempo para repostar, atracar, terminar de recoger y darnos una ducha en el Puerto. El colofón lo puso la horchata en la Explanada antes de volver a Madrid.