El domingo pasado, cogí un tren de Valencia a Alicante (por cierto, llegó tarde), y en mi vagón había tres chicas alemanas de Mannheim que estaban de Erasmus en Alicante y habían pasado el fin de semana en Barcelona. Estuvimos hablando un ratito, y al final, cuando por fin llegamos a Alicante y estábamos haciendo cola para salir, una de ellas dijo con tono de alivio: Alicante, unser Heimat, algo así, como Alicante, nuestro hogar
Eso me recordó a cuando hacíamos cualquier viaje en Alemania, que la vuelta a Hannover (que está a 2000 km de Valencia) era como volver a casa. La sensación de estar en la estación de Kröpcke y coger la línea 4 ó 5 era como subirte en el coche de quien te recoge en la estación en casa.
Es curioso ver cómo las situaciones se repiten pero cambiando de personajes y lugares.
Letze Sonntag war ich im Zug, und drei deutsche Mädchen waren auch da. Sie machen ihre Erasmus in Alicante, und sie hatten Barcelona besichtigt. Wenn wir endlich in Alicante angekommen sind, hat eine von ihnen glücklich gesagt: Alicante, unser Heimat.
Das hat mir erinnert, wenn wir von einer Reise zurück in Hannover waren, wir fühlten wie zu Hause, obwohl unsere echte Hause sehr weit war. Am Kröpcke zu sein nach drei Tagen unterwegs war ein sehr schönes Gefühl.